Cómo Limpiar Lechada Sin Frotar

La limpieza de lechada se ha considerado durante mucho tiempo una tarea agotadora y dolorosa que implica cepillos rígidos y horas de esfuerzo físico. La mayoría de la gente asume que si el suelo se ve sucio, la única manera de arreglarlo es frotar hasta que les duelan los brazos. Sin embargo, la lechada es esencialmente una esponja mineral porosa que retiene la suciedad; si utiliza la reacción química correcta, puede extraer esa suciedad de los poros sin tocar nunca un cepillo. Bien hecho, este proceso utiliza lejía a base de oxígeno para crear una reacción burbujeante que expulsa la suciedad a la superficie. Al elegir la concentración adecuada y dar a la solución el tiempo de actuación apropiado, traslada la carga de trabajo de sus músculos a la química del limpiador. El objetivo aquí es dejar que el producto haga el trabajo pesado mientras usted simplemente supervisa el proceso.

  1. Despeje la Superficie Primero. Aspire o barra el suelo a fondo para eliminar el polvo suelto, el pelo y los escombros. Cualquier grano sobrante interferirá con la reacción química una vez que se aplique el líquido.
  2. Disuelva la Lejía. Mezcle polvo de lejía de oxígeno con agua caliente, no hirviendo, en un cubo limpio. Siga la proporción del fabricante para una limpieza intensa, generalmente alrededor de una taza de polvo por galón de agua.
  3. Sature la Lechada. Vierta la mezcla directamente sobre las líneas de lechada, asegurándose de que estén completamente saturadas. Use una mopa o una esponja para esparcir el líquido uniformemente por todo el suelo.
  4. Deje que la Química Actúe. Deje que la solución repose sobre la lechada durante al menos 30 a 45 minutos. Durante este tiempo, las moléculas de oxígeno levantarán las manchas orgánicas y la suciedad de los poros de la lechada.
  5. Elimine la Suciedad. Use una mopa de microfibra o un paño limpio y húmedo para limpiar la suciedad ahora suelta. La suciedad saldrá como una pasta, dejando la lechada significativamente más clara.
  6. Enjuague Limpio. Repase todo el suelo una vez más con una mopa y agua fresca y clara. Esto elimina cualquier residuo químico sobrante que pudiera atraer suciedad futura.