Cómo eliminar las manchas amarillas de las almohadas
Las almohadas inevitablemente se vuelven amarillas con el tiempo debido a una combinación de sudor, aceites corporales y humedad que se filtra a través de la funda de la almohada. Si bien puede parecer que tu ropa de cama no tiene salvación, esa decoloración suele ser solo suciedad superficial que se puede eliminar con la reacción química adecuada. Limpiar a fondo tus almohadas dos veces al año es la mejor manera de mantener su volumen e higiene. Si el amarilleamiento ha llegado al relleno interior, un buen remojo hará más de lo que la lejía jamás podría, rompiendo eficazmente el vínculo entre las grasas y las fibras de la tela para que puedas lavarlas para siempre.
- Verifica la etiqueta de cuidado primero. Inspecciona la etiqueta para asegurarte de que tus almohadas se puedan lavar a máquina. Evita este proceso en almohadas de espuma viscoelástica o látex sólido, ya que se desintegrarán en una tina de remojo.
- Calienta el agua correctamente. Cierra el desagüe de tu bañera y llénala hasta un tercio con agua muy caliente. Apunta a la temperatura más alta que tu calentador de agua proporcione de forma segura para ayudar a disolver las grasas.
- Crea la mezcla que rompe manchas. Agrega una taza de detergente en polvo para ropa, una taza de detergente en polvo para lavavajillas, una taza de bórax y media taza de carbonato de sodio al agua. Agita el agua a mano hasta que todos los polvos se disuelvan por completo.
- Remoja para eliminar el amarilleo. Coloca las almohadas en el agua, empujándolas hacia abajo hasta que estén completamente saturadas. Déjalas en remojo durante al menos dos horas, dándoles la vuelta a mitad de tiempo para asegurar una exposición uniforme.
- Enjuaga y centrifuga para limpiar. Retira las almohadas y escúrrelas manualmente. Transfiérelas a tu lavadora y ejecuta un ciclo de alta resistencia con agua caliente y un ciclo de enjuague adicional.
- Seca hasta que estén completamente secas. Seca las almohadas en secadora a baja temperatura con un par de pelotas de tenis limpias o bolas de lana para secadora. Asegúrate de que estén completamente secas antes de volver a colocarlas en la cama.