Cómo trasplantar una planta sin que se muera
Trasplanta durante la época de crecimiento activo, usa una maceta solo un poco más grande, y mantén la tierra húmeda pero no encharcada las primeras semanas.
- Prepara el nuevo hogar. Elige una maceta que sea apenas 2-3 cm más ancha que la actual. Debe tener agujeros de drenaje. Coloca una capa delgada de piedras pequeñas o trozos de cerámica en el fondo para evitar que se tapen los agujeros. Prepara tierra nueva específica para tu tipo de planta o usa una mezcla universal de buena calidad.
- Riega la planta el día anterior. Dale agua a tu planta 24 horas antes del trasplante. Esto mantiene las raíces hidratadas pero permite que la tierra se compacte lo suficiente para salir en un solo bloque. Una planta bien hidratada resiste mejor el estrés del trasplante.
- Extrae con cuidado. Voltea la maceta mientras sostienes la planta por la base del tallo. Golpea suavemente los bordes de la maceta o aprieta los lados si es flexible. Si la planta no sale fácilmente, pasa un cuchillo por los bordes para aflojar las raíces pegadas.
- Revisa y limpia las raíces. Examina el cepellón. Si las raíces forman una masa muy densa o están enrolladas, aflójalas suavemente con los dedos. Corta las raíces muertas, negras o blandas con tijeras limpias. Las raíces sanas son firmes y de color claro.
- Planta en su nuevo hogar. Coloca tierra nueva en el fondo de la maceta. Sitúa la planta de modo que quede a la misma profundidad que antes. Rellena con tierra nueva alrededor, presionando ligeramente para eliminar bolsas de aire. Deja 2 cm entre la superficie de la tierra y el borde de la maceta.
- Riega y ubica estratégicamente. Riega inmediatamente después del trasplante hasta que salga agua por los agujeros de drenaje. Coloca la planta en un lugar con luz indirecta durante una semana, aunque normalmente prefiera sol directo. Esto reduce el estrés mientras se adapta.