Cómo cultivar dalias con éxito en tu jardín
Las dalias necesitan suelo bien drenado, exposición solar directa y plantación después de las heladas para florecer abundantemente desde verano hasta otoño.
- Preparar el suelo adecuado. Elige un lugar con al menos 6 horas de sol directo diario. Afloja la tierra a 30 cm de profundidad y mezcla compost o estiércol bien descompuesto. El suelo debe drenar bien pero retener algo de humedad. Si tu tierra es muy arcillosa, añade arena gruesa y materia orgánica para mejorar el drenaje.
- Plantar los tubérculos en el momento correcto. Planta los tubérculos después de la última helada, cuando la temperatura del suelo alcance los 15°C. Haz hoyos de 10-15 cm de profundidad, coloca el tubérculo con el ojo hacia arriba y cubre con tierra suelta. Deja 60-90 cm entre plantas según la variedad.
- Instalar tutores desde el inicio. Coloca estacas de 1.5 metros al momento de plantar para variedades altas. Esto evita dañar las raíces después. Usa bambú, madera o metal resistente. Para variedades enanas, bastará con tutores de 60 cm.
- Establecer riego consistente. Riega profundamente 2-3 veces por semana en lugar de riegos superficiales diarios. Aplica agua directamente al suelo, evitando mojar las hojas para prevenir enfermedades fúngicas. Mantén el suelo húmedo pero nunca encharcado.
- Fertilizar regularmente durante la temporada. Aplica fertilizante balanceado 10-10-10 cada mes desde la brotación hasta agosto. Durante la floración, cambia a un fertilizante bajo en nitrógeno y alto en fósforo para promover más flores. Suspende la fertilización en otoño.
- Realizar poda de formación y mantenimiento. Pellizca la punta central cuando la planta tenga 40 cm para promover ramificación. Retira flores marchitas regularmente para estimular nueva floración. Quita chupones y hojas inferiores para mejorar la circulación de aire.
- Proteger y almacenar tubérculos en invierno. En zonas con heladas, corta tallos a 10 cm después de la primera helada fuerte. Desentierra tubérculos con cuidado, lávalos y déjalos secar al aire por una semana. Almacénalos en turba seca o virutas de madera en lugar fresco y seco hasta la próxima primavera.