Cómo cultivar dalias con éxito en tu jardín

Las dalias necesitan suelo bien drenado, exposición solar directa y plantación después de las heladas para florecer abundantemente desde verano hasta otoño.

  1. Preparar el suelo adecuado. Elige un lugar con al menos 6 horas de sol directo diario. Afloja la tierra a 30 cm de profundidad y mezcla compost o estiércol bien descompuesto. El suelo debe drenar bien pero retener algo de humedad. Si tu tierra es muy arcillosa, añade arena gruesa y materia orgánica para mejorar el drenaje.
  2. Plantar los tubérculos en el momento correcto. Planta los tubérculos después de la última helada, cuando la temperatura del suelo alcance los 15°C. Haz hoyos de 10-15 cm de profundidad, coloca el tubérculo con el ojo hacia arriba y cubre con tierra suelta. Deja 60-90 cm entre plantas según la variedad.
  3. Instalar tutores desde el inicio. Coloca estacas de 1.5 metros al momento de plantar para variedades altas. Esto evita dañar las raíces después. Usa bambú, madera o metal resistente. Para variedades enanas, bastará con tutores de 60 cm.
  4. Establecer riego consistente. Riega profundamente 2-3 veces por semana en lugar de riegos superficiales diarios. Aplica agua directamente al suelo, evitando mojar las hojas para prevenir enfermedades fúngicas. Mantén el suelo húmedo pero nunca encharcado.
  5. Fertilizar regularmente durante la temporada. Aplica fertilizante balanceado 10-10-10 cada mes desde la brotación hasta agosto. Durante la floración, cambia a un fertilizante bajo en nitrógeno y alto en fósforo para promover más flores. Suspende la fertilización en otoño.
  6. Realizar poda de formación y mantenimiento. Pellizca la punta central cuando la planta tenga 40 cm para promover ramificación. Retira flores marchitas regularmente para estimular nueva floración. Quita chupones y hojas inferiores para mejorar la circulación de aire.
  7. Proteger y almacenar tubérculos en invierno. En zonas con heladas, corta tallos a 10 cm después de la primera helada fuerte. Desentierra tubérculos con cuidado, lávalos y déjalos secar al aire por una semana. Almacénalos en turba seca o virutas de madera en lugar fresco y seco hasta la próxima primavera.